Feromonas

El descubrimiento de las feromonas a mediados de los años 1950 fue un paso muy importante para el esclarecimiento de la relación entre el sentido del olfato y la conducta sexual, y ayudó en forma considerable a comprender mejor al mundo animal y vegetal. El término “feromona” proviene del griego y se compone de la palabra pherein (transmitir) y hormón (excitar). La traducción literal es “transmisión de excitación”. Con este concepto los científicos identifican una sustancia aromática que contiene informaciones y mensajes muy definidos sobre las conductas de las variedades. En el mundo animal, las feromonas actúan también como señal de alarma para activar las defensas contra otros animales o para llamar a animales de la misma especie; sirven para marcar su propio territorio, como señal del estatus social, promueven las actitudes de cuidado de la cría y estimulan el apareamiento y la cópula (afrodisíacos). Pero también en el mundo vegetal y en las vidas más minúsculas, como las bacterias, los hongos y las algas, las feromonas son un factor muy importante, que no es de subestimar.

Las feromonas

Si se las relaciona con el mundo animal y vegetal, las feromonas son sustancias mensajeras, que llegan al mundo exterior con el olor correspondiente a un animal o con el aroma de una planta. Allí se presentan como señales, provocando determinados patrones de conducta o liberando reacciones químico biológicas. También en el ser humano las feromonas son elementos muy importantes de un sistema de comunicación químico. Actúan como portadores químicos de información, que son segregados por un individuo y que desencadenan una reacción específica cuando las absorbe otro individuo. Se absorben con el órgano olfatorio y en algunos casos también con la piel. Pero no importa si son los seres humanos, los animales o las plantas los que producen y segregan estas sustancias, los resultados siempre son modificaciones de conducta específicas para cada especie.